¿El fracaso del modelo chileno, resquebraja el paradigma neoliberal, o reafirma el Plan Cóndor II?

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El neoliberalismo ha quedado al desnudo en Chile, pero el Plan Cóndor II, con el golpe de Estado en Bolivia, parece dispuesto a sostenerlo, cueste lo que cueste.

Por Roberto Famá Hernández

El modelo económico chileno ha sido “venerado” por todos los líderes políticos neoliberales de América y del mundo. El mismo presidente Piñera, lo definió como el “Oasis de América Latina”. Pero el pueblo chileno, cuyo salario promedio no alcanza para cubrir el mínimo  costo de la vida, ha evidenciado el fracaso rotundo de este modelo de acumulación para pocos y desigualdad para muchos.

Este fracaso del modelo neoliberal demuestra claramente la falsedad de la teoría del derrame; Chile ha registrado un sostenido crecimiento económico en las últimas décadas, pero la riqueza se concentra en un pequeño sector de la población y así, son cuatro familias las dueñas de casi toda la economía chilena, mientras el pueblo, lejos de recibir las migajas del famoso derrame, cae cada vez más en la precariedad social.

La inequidad y falsía del paradigma neoliberal en el mundo es notoria desde hace años, más bien desde siempre. En un documento divulgado en 2013, el Papa Francisco dijo:

Algunos todavía defienden las teorías del ‘derrame’, que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico.
El crecimiento económico es indispensable para eliminar las injusticias sociales, pero no es garantía suficiente de equidad. Es necesario que el Estado esté presente en la economía, que regule e impida la acumulación desmedida de la riqueza en pocas manos, tal como ha ocurrido durante las últimas cuatro décadas en Chile y en todas las economías donde gobernaron los neoliberales con este siniestro concepto de la plena libertad de mercado.

En Chile, la política privatizadora que se inició con el derrocamiento de Salvador Allende en 1973, se mantuvo firme todas estas décadas,  afirmándose en el complejo sistema de servicios sociales; así, privatizaron las jubilaciones, la salud, la educación, y este retroceso del Estado, subvencionando a las empresas y no a los más vulnerables, ha dado lugar a una  rígida estructura de segmentación por ingresos de la sociedad, algo así, como «castas» sociales impermeables.

La igualdad social nunca va a ser el objetivo del neoliberalismo porque su principio básico es la competencia, la acumulación y la meritocracia. El neoliberalismo no es tan sólo un conjunto de estrategias de carácter económico, sino que es una ideología política que uniforma una misma estrategia mundial, para hacer frente a los reclamos sociales. Para el  neoliberalismo el «éxito» de cada ser humano, de cada vida, se mide por la capacidad de generar su propia riqueza, exacerbando el individualismo y la competencia brutal por ganar y poseer. Desata la codicia, la corrupción y la violencia y, al generalizarse en los grupos sociales por la manipulación del sentido común, por la acción transcultural de los medios de información, destruye socialmente la bases solidarias fundadoras e indispensables de toda comunidad.

Como afirman los datos irrefutables, la economía Chilena crece, pero la situación de la mayoría del pueblo chileno no ve mejorar su situación:  por el contrario, ve disminuir sus oportunidades al tiempo que los bancos y los empresarios cada vez acumulan más riquezas y más poder. La «clase política chilena» que lejos de manejarse durante estas décadas como representantes del pueblo ha servido como meros administradora del modelo, por eso ahora no hay dirigente en Chile que pueda capitalizar el resquebrajamiento del modelo neoliberal y nadie puede asignarse representación alguna válida, mientras el pueblo sigue gritando su hartazgo en las calles.

En Chile el neoliberalismo ha quedado al desnudo, pero el Plan Cóndor II con el golpe de Estado en Bolivia, parece dispuesto a sostenerlo en toda Latinoamérica, cueste lo que cueste. ¿Resistirá el libre mercado el hartazgo de las sociedades?

 

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