El maltrato a los adultos mayores es un mal social que sucede en mayor o menor escala en todo el mundo, tanto en países desarrollados como en aquellos en vía de desarrollo y, para muchos, este mal social es considerado  un problema de índole privada ya que, según ciertas estimaciones, el 80 % de los casos suceden en los hogares, dejando así a las personas vulnerables en total desprotección.

Lo cierto es que el maltrato a los ancianos y ancianas sigue siendo un tema tabú, por lo común subestimado y perversamente desatendido siendo un problema de salud social y, aunque la magnitud del maltrato se oculta, su gravedad  social y moral salta a la vista.

Lo habitual es el maltrato físico, psíquico, emocional o sexual, pero también se presentan casos de maltratos en cuestiones económicas con uso y abuso de los bienes de las personas mayores; se han denunciado casos de geriátricos que, a personas sin herederos, les hacen firmar la donación de sus bienes a cambio de la asistencia en geriátricos, o bien, cuando no pueden pagar los altos aranceles por una prestación básica proceden a embargarlos para quedarse con sus bienes. Otro de los maltratos frecuentes consiste en la medicación excesiva de sedantes para mantenerlos en estado de somnolencia inducida casi permanente.

La  Organización Mundial de la Salud  ve con suma preocupación el tema del maltrato a las personas mayores en base a estos datos brindados por la misma organización:

Datos y cifras

En el último año, aproximadamente 1 de cada 6 personas mayores de 60 años sufrieron algún tipo de abuso en entornos comunitarios.

Las tasas de maltrato a personas mayores son altas en instituciones como residencias de ancianos y centros de atención de larga duración: dos de cada tres trabajadores de estas instituciones indican haber infligido malos tratos en el último año.

El maltrato de las personas mayores puede conllevar graves lesiones físicas y consecuencias psicológicas prolongadas.

Se prevé un aumento del problema por el envejecimiento de la población en muchos países.

La población mundial de mayores de 60 años se duplicará con creces, de 900 millones que fueron estimados en 2015 a unos 2000 millones en 2050.

Es altamente probable que el porcentual del 1 cada 6 que indica la OMS sea una subestimación, ya que la misma OMS estima que sólo se denuncia uno de cada 24 casos de maltrato a personas mayores, en parte porque estas últimas a menudo tienen miedo de notificar el maltrato a sus familiares, a sus amigos o a las autoridades.

Es claro que la primera alerta debe estar emitida desde los sanitario y social, siendo los sectores de atención primaria de salud y servicios sociales, los primeros en estar atentos a detectar estos casos, pero para eso el PAMI y otras entidades deben estar bien preparadas para divisar los síntomas primero y resolver el problema después y dentro de un marco jurídico específico que hoy no existe como tal.

Los trabajadores y trabajadoras  de la salud de atención primaria tienen un papel particularmente importante y pueden identificar los casos, pero no tienen las herramientas para denunciar y disparar mecanismos de contención, por eso es absolutamente urgente y necesario que se desarrollen estructuras legales que den pronta respuesta y brinden protección a las personas maltratadas. De no ser así,  el maltrato a los ancianos y ancianas seguirá estando impune.

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