Varios pregoneros mediáticos vienen batiendo el parche desde hace meses y al unísono, que el país – nuestro país – es una mierda.

Allí están estos voceros del desánimo queriéndonos convencer que el nuestro es un país de mierda o hecho mierda, porque los argentos somos destructivos, porque no sabemos, porque no queremos, porque no podemos, porque somos incorregibles…  Cuanto más nos repiten estos latigazos verbales, más fácil es que veamos presente y futuro en clave negativa.

Pero no son sólo estos francotiradores disfrazados de periodistas los que afirman que el país es una mierda; no se puso colorado Luis Juez al afirmar que Argentina es “un país de mierda” y que «Nos pasa eso porque somos soberbios de mierda, nos creemos un país rico y somos un país de mierda, somos ventajistas y jodidos» También Elisa Carrió dijo que «este país apesta»

Esto no es nuevo y es frecuente cada vez que el peronismo gobierna este país nuestro de cada día. Por eso Jauretche nos advirtió hace muchas décadas ya, que el «mediopelo» argentino sale y repite como loro estas «zonceras» porque termina creyéndolas y esto es sumamente peligroso para cualquier democracia.

El filósofo y analista de la comunicación mexicano Fernando Buen Abad Domínguez nos recuerda que desmoralizados somos nada, y que «se sabe, desde siempre, que un modo (entre muchos combinados y desiguales) para derrotar a un enemigo u oponente, radica en hacerle perder todo lo que de confianza hubiere podido abrigar respecto a su victoria. Arrebatarle su certeza, su dignidad y sus destrezas convenciéndolo (antes, durante o después de la batalla) de su insolvencia, su pequeñez, sus complejos y su inferioridad: desmoralizarlo pues»

El mundo está inmerso en un capitalismo salvaje que paga muy bien este tipo de servicios, de eso trabajan muchos mercenarios de la comunicación porque bajo el paraguas de la libertad de expresión se puede decir cualquier barbaridad con carnet de libre pensador independiente y ganar fortunas con esto; jugosas pautas publicitarias, aportes a supuestas fundaciones u ONG, viajes y congresos… hay diversas formas de llenar bolsillos.

Desde luego que la autocrítica es indispensable para corregir errores y no debe clausurarse, pero cada uno debe estar muy atento a entender la diferencia que existe entre la autocrítica que busca mejorar el camino, y la opinión desmoralizadora que busca clausurar ese camino de realización de un país mejor.

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