Entrevistamos a Adolfo Colombres, autor de «El ropaje de la gloria» Una historia ignorada de Belgrano.

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Con Adolfo Colombres conversamos sobre su libro  «El ropaje de la gloria»  que, entre otros relatos, nos descubre un episodio poco tratado de la historia argentina: la relación amorosa de Manuel Belgrano con María de los Dolores Helguero.

 

En su libro «El ropaje de la gloria»   el abogado y escritor tucumano Adolfo Colombres nos entrega un sensible rescate de la personalidad del General Belgrano. Colombres pone en tela de juicio las convenciones y halagos acerca del honor y el patriotismo, sobre los que arroja una severa mirada, mostrando las contradicciones y miserias que alberga eso que llamamos gloria, así como la vanidad de su ropaje. Conocer aspectos de la vida íntima del General Belgrano y de sus afectos nos acerca aún más a su legado, reconociendo el semblante humano detrás de la estatua ecuestre que lo inmortaliza. Su historia, indudablemente unida a la de nuestro país, reivindica el persistente sueño de un continente unido, soberano y mestizo.

El profundo conocimiento que Colombres nos dibuja del contexto social, nos permite una pintura de época inigualable. Paisajes, sabores, usos y costumbres llegan hasta nuestros sentidos y nos ubica sensorialmente, de una manera exquisita ,en cada uno de los ocho relatos que componen el libro.

Ocho relatos que se despliegan a lo largo de ciento ochenta años de la historia tucumana, desde la gesta de Belgrano y el triste final de su vida, hasta el abandono de los trenes, acaecido en tiempos más recientes, y las vivencias infantiles del autor, relacionadas con las últimas huellas de esta memoria, a dos siglos del fallecimiento del héroe.

Con Adolfo Colombres hablamos sobre «El ropaje de la gloria» y esto es lo que nos dijo:

En el primer relato,  “el Ropaje de la Gloria” que le da título al libro,  usted le otorga la voz del relato a Jerónimo Helguera, que entiendo es antepasado suyo. ¿Es así?

Es más o menos así; cuando estuve investigando esta historia aparecían demasiados con el apellido Helguera y no sabía bien cuál era la línea de parentesco con mi madre. En el libro dejo 6 o 7 páginas “Sobre el trasfondo del relato” donde entre algunos recuerdos infantiles junto a esa mujer que me enseñó a leer y que guardaba en un baúl, esas últimas cartas de Belgrano. Recuerdo que me hablaba mi madre de las tres bodas, de tres hermanas, hijas de un tal Garmendia, con tres oficiales del ejército de Belgrano y que el general apadrinó a las tres. Uno de esos oficiales fue Gerónimo Helguera que acompaña a Belgrano hasta el final.

Usted toma la faceta más humana de Belgrano, ya caído en desgracia, más allá de la figura histórica del creador de nuestra bandera y de la gloria posterior, que le es tardía.

Algo que no se limita a Belgrano, Uno piensa que a todos los que luchan por la independencia terminan mal y, contrariamente, los que se dedican a la dependencia, dispuestos a gobernar para beneficio propio, terminan bien, nunca les pasa nada. ¿En qué consistía la gloria de Belgrano? No le pagaban los sueldos, ni siquiera le mandaban comida, él pedía prestado para darle de comer a sus oficiales mayores. Luego de una sublevación, trataron de ponerle grilletes, que no podía soportar por la inflamación que tenía en sus piernas, Decide su viaje final a Buenos Aires y pide dinero y caballos y se los niegan, son comerciantes quienes le prestan el dinero y, llegando a Córdoba, nuevamente se quedaba sin recurso y son dos comerciantes los que le prestan dinero, para que pueda llegar a Buenos Aires.

Recordemos a nuestros lectores, que cuando Belgrano inició el regreso desde Tucumán sus piernas estaban tan hinchadas que su estado de postración era casi total  Cuando pasó por Santiago del Estero, le escribió al Gobierno: «Mi enfermedad se agrava manifestándose en la fatiga que me aqueja y en la hinchazón de las piernas y los pies”. Esta es la historia. Y sabemos que la historia se escribe con hechos y la literatura con palabras y usted ha elegido el camino de hacer literatura con la historia y no de realizar la cronología exacta de los hechos. Usted nos hace una semblanza muy humana del alma de Belgrano. ¿Cómo llega usted a esa «cercanía» con la historia íntima de Belgrano?

Sí, ese baúl que le mencioné donde se guardaban cartas de Belgrano, era en mi niñez  como una especie caja de Pandora. Esas cartas íntimas de relaciones amorosas no aceptadas socialmente, se ocultan y, esos secretos de familia, son el peor enemigo de la memoria.

En el segundo de los relatos “Tríptico de la larga muerte del Capitán” el personaje sufre un drama, también muy humano, y usted nos da una pista histórica, una línea para entender la contradicción que lo atormenta, al mencionar la batalla de Salinas de Pastos Grandes, donde acontece la derrota final de Felipe Varela.

Exacto, sí, desde el punto de vista de la estructura me parece el mejor. Este personaje que no quiere estar codeándose con los coroneles de Mitre ni pertenecer a la gente bien de Tucumán, que tiene grandes campos y para ajearse de todo eso se instala como Capitán de frontera en los límites con Salta. Un cargo menor para un militar, pero que él lo toma como un refugio, pero se ve enfrentando a eso gauchos que fueron sus verdaderos maestros.

En el relato “Esa frágil materia de los sueños” usted nos entrega un final excelente y a todo lo largo del relato, utiliza un recurso literario muy acertado, donde no hay un solo punto y parte y es todo el cuento un largo párrafo de unas quince páginas. ¿Cómo decide utilizar ese recurso?

Es un estado de continuidad de la conciencia del personaje, como cuando usted tirado en la cama va pensando así, como un punto y coma continuo y de una cosa pasa a la otra sin cortes. Como es también la música y hay grandes novelas de quinientas páginas que son así, un solo párrafo si ningún  punto y aparte.

En el último de los relatos del libro “Trenes en la oscuridad de la tierra” tiene varias lecturas posible; una de ellas, de alguna manera refleja metafóricamente una diferencia de roles, entre hombres y mujeres. ¿Es así?

En algún momento el relato habla de dos clases; los que se van y los que se quedan y generalmente las que se quedan son las mujeres. Un poeta de Tucumán, Juan Eduardo Piatelli , me contó la historia que él de alguna manera ha vivido, que se enamora, pero se va y luego vuelve. Él, que se va, crece, mientras ella queda en un medio “aplastado” que no le permite crecer y quienes se quedan casi siempre son mujeres, que ocupan el lugar de la espera, de una espera que no termina nunca y en el fondo sí, es también como una lucha de roles, porque él ha crecido socialmente y ella ha quedado postergada.




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