La rebelión de los fotógrafos de playa en la temporada 1970

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La rebelión de fotógrafos de playa en la temporada 69/70.

 

Se acercaba la temporada del verano 1969/1970 y estaban colmadas las reservas, pasajes agotados ya desde fines de octubre y, como era lógico, los fotógrafos de playa también estaban listos para trabajar esperanzados en una buena temporada.

 

– Foooto! Foto!
– ¿Una foto, señor?
-¿Una foto, familia?

Faltaba medio siglo para que llegara la selfie-manía y nadie quería dejar de tener la emblemática foto del verano, junto a los lobos marinos, tomando sol en la playa, o paseando por la rambla. Por unos pocos pesos los fotógrafos de playa podían inmortalizar aquel verano y en minutos, tamaño postal, la imagen en blanco, negro y grises, estaba lista.

Los fotógrafos de playa usaban una gorra con visera que tenía grabado sobre una chapita al frente, el nombre de cada uno de ellos, lo que “certificaba” su idoneidad profesional. Es que ya se habían constituido en una sociedad que los representaba y una camisa roja y un largo guardapolvo gris completaban la “legalidad” uniformada del hombre de la cámara cajón.

En aquel verano la asociación de fotógrafos contaba con 226 socios, incluyendo los fotógrafos de Necochea y Miramar, pero el mayor número eran fotógrafos marplatenses. El más veterano de todos era un griego llamado Maitos, que había arribado a Mar del Plata en 1929, es decir que en aquel verano llevaba 40 años trabajando allí.

Faltando pocas semanas para el inicio de la temporada, los políticos del municipio dispusieron, desde la Dirección de Turismo, que ya no sería una actividad libre la de los fotógrafos de playa, que debía regularizarse mediante una licitación y cobrar un canon para que un sólo permisionario tuviese el “monopolio” de todas las fotografías de playa.

Ante el sorpresivo cambio de las reglas de juego y a poco de iniciarse la temporada, la asociación que los agrupaba decide que, como ellos tienen la gente que conoce el oficio y las cámaras, no pueden dejar de presentarse a la licitación. Así lo hacen y ofrecen 12 millones de pesos moneda nacional – vale aclararlo porque en enero del 70, el signo monetario cambiaría a Pesos Ley 18.188 – Pero para sorpresa de todos, ya casi sobre el momento del cierre del plazo aparece un segundo oferente con una suma superior, 20 millones de pesos.

Los fotógrafos pronto descubrieron la maniobra, el insólito oferente era uno de ellos, un asociado sin escrúpulos que era evidente que, por su condición social no contaba con el dinero ofertado y actuaba, entonces, como testaferro de alguien que no podía dar la cara. De todas maneras aseguraba a sus excompañeros que todos tendrían un lugar en la empresa.

Pero, ¿qué hacer? Lo primero fue entender que debían mantenerse firmes, que si bien ninguno de ellos podía dejar de trabajar esa temporada, nadie iba a lucrar montándose sobre esa necesidad y que, además, suyas eran las cámaras y el oficio, sin ellos, nadie podía quedarse tan fácilmente con el negocio como habían planeado, porque no tendrían modo de reemplazarlos en pocas semanas.

A iniciativa del veterano Maitos que era muy respetado por los comerciantes marplatenses, los fotógrafos salieron a denunciar la maniobra y a movilizarse en protesta sumando adhesiones.

La Dirección de Turismo entendió que, ante la firmeza de la rebelión, lo mejor era dejar sin efecto aquella licitación y así lo hicieron; los fotógrafos de playa ganaron esa batalla y volvieron a su trabajo.

Claro que, luego comenzó una lenta desaparición final del oficio de fotógrafo de playa; llegaron las Polaroid, las Kodak Fiesta y más tarde las cámaras digitales y los celulares, pero en cajones que nunca se abren o en álbumes de familia que nadie mira, sobreviven miles de fotografías tomadas por estos oficiantes del arte visual.

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