Las razones por las que Pablo Avelluto, es el mayor destructor cultural en tiempos de democracia.

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Las razones por las que Pablo Avelluto quedará en el recuerdo como el mayor destructor cultural en tiempos de democracia.

por Roberto Famá Hernández

No hay que argumentar mucho cuando el mismo Pablo Avelluto se adjudica como un gran logro de su gestión, haber despedido más de 1.600 trabajadores de la cultura porque tuvo «coraje»: “Cuando llegué al Ministerio despedí a 1600 empleados. Y lo hice porque tuve el coraje, la audacia y la voluntad política de hacerlo». También dijo que su Ministerio, es “un Ministerio marginal” A confesión de partes…

Avelluto no se ocupó como debiera del desarrollo de la Cultura ni de facilitar el acceso de la población a expresiones artísticas, centros culturales y museos que dependen de su cartera, sino que su gestión resultó absolutamente todo lo contrario, debería ser enjuiciado penalmente por su mal desempeño como funcionario publico.

Una de las características de su desastrosa gestión es la crisis del libro;  los datos son irrefutables: según los informes que publica la Cámara Argentina del Libro (CAL), una de las dos entidades que agrupa a agentes del sector, la producción de ejemplares en el país cayó de 2015 a 2018 un 48,2%, el lanzamiento de novedades casi un 15% en el mismo período y las ventas, aproximadamente, 40 puntos. Las cifras son demoledoras; la Cámara del Libro nos dice que de enero a octubre de 2018 se imprimieron sólo 36.320.000 ejemplares, mientras que en 2014 se imprimieron 128.900.000 ejemplares.Una edición que antes no bajaba de los 3.000 ejemplares, hoy está apenas en 1.000, de manera que no alcanza a distribuirse ni un ejemplar por librería y a ciudades del interior profundo de nuestro país, directamente ya no llegan los canales de distribución.

Pero esta crisis no es solamente porque la gente ha dejado de comprar libros por que no le alcanza para comer y suprime los bienes culturales, es porque el Estado, por disposición de Avelluto, de inmediato se retiró de la compra de libros para la divulgación cultural;  de 1.150 millones de pesos invertidos en compra de libros por el Estado en 2015,   se pasó a erogar solo 100 millones de pesos en 2016, primer año de gestión de Avelluto y luego siguió cayendo a cifras insignificantes. Con este cóctel de recesión y recortes, Avelluto  ha provocado que el sector editorial perdiera al menos un 20% de trabajadores, a lo que se suma la «desocupación indirecta» de traductores, correctores, diagramadores y otros profesionales relacionados con la actividad editorial, más la pérdida de cerca del 35% de puestos de trabajo directos e indirectos por el cierre de centenas de librerías.

Otro daño que ha causado Avelluto desde su gestión es el brutal desfinanciamiento que impuso a  las instituciones pertenecientes a la Dirección Nacional de Organismos Estables, hablo de las orquestas como la prestigiosa Orquesta Nacional, la Banda Sinfónica de Ciegos que es la única en su tipo en el mundo, más los coros y los cuerpos de danza. Los recortes presupuestarios han sido tan brutales que ha provocado una «parálisis» en todos ellos.

Los Organismos Estables siempre cumplieron con un federalismo cultural, mediante giras por todas las provincias, con funciones gratuitas en lugares no convencionales, pero con Avelluto eso quedó de lado; hoy se presentan de forma esporádica en reductos de Capital Federal y GBA y, me consta que hubo casos, como una función programada de la Banda Nacional de Ciegos, que debía presentarse en la Universidad de la Matanza, y que fue suspendida por falta de dinero para el flete que debía transportar los instrumentos. El Ballet Folklórico Nacional puede presentarse a las funciones porque los mismos bailarines costean sus vestuarios. Avelluto ha reducido los Organismos Estables a un estado tal de carencias que sólo funcionan por el esfuerzo solidario de los artistas. Hace pocas semanas atrás la Orquesta Sinfónica Nacional se manifestó públicamente durante una función en el CCK por que Avelluto, empecinado, les niega desde hace un año una partida de 500 millones de pesos que le adjudicó el Congreso Nacional, a tal punto llega el afán destructivo de Pablo Avelluto.

Pero no conforme con los enormes recortes, Avelluto un día de enero de 2018 decidió inexplicablemente el cierre del prestigioso Ballet Nacional que dirigía Iñaqui Urlezaga, lo perdimos definitivamente. Más de 60 bailarines se enteraron por  un mensaje de WhatsApp que se cerraba. El Ballet Nacional, además de sus extraordinarias presentaciones gratuitas cumplía otros roles, como impartir clases gratuitas en lugares no tradicionales para una inclusión social a través del arte.

En lo referente a la producción audiovisual, Avelluto también hizo todo el daño que pudo; recordemos cuando el 5 de enero de 2016 Carolina Azzi, que no era empleada del Estado, sino la novia del Ministro Avelluto, fue filmada retirando costoso equipamiento del Centro de Producción e Investigación Audiovisual (CePia) paralizandolo por completo. Algunas piezas, como una costosa isla de edición nunca volvió a aparecer. Recordemos también abril de 2017 y la forzada renuncia del anterior presidente del Instituto Nacional del Cine y Artes Audiovisuales (Incaa), Alejandro Cacetta, que se produjo a partir de una operación mediática, nunca comprobada en la justicia,  lanzada por el periodista Eduardo Feinmann, desde el programa de televisión Animales Sueltos, conducido por Alejandro Fantino. Luego, cambiada la conducción del INCAA, se sucedieron múltiples recortes presupuestarios buscando paralizar la producción de cine independiente, afectando a sus realizadores y técnicos, mientras fueron favorecidas unas pocas grandes productoras, apoyando sólo un modelo de negocios y no la expansión del cine nacional. A los recortes le sumó  luego una sub-ejecución presupuestaria, que ha reducido la capacidad de financiación de las películas, dejando a las productoras chicas sin acceso a créditos y sin recursos para llevar a cabo sus realizaciones.

Avelluto hizo todo el daño que pudo, nada digo aquí sobre los daños a Becar Cultura, al Fondo Argentino de Desarrollo Cultural y Creativo, a la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares,  a la Red Puntos de Cultura, Lenguas Originarias y sigue la lista… La función de un Ministro de Cultura de la Nación es planificar y ejecutar estrategias para la promoción, rescate, preservación, estímulo, acrecentamiento y difusión, en el ámbito nacional e internacional, del patrimonio cultural de Argentina. Nada de eso ha cumplido Pablo Avelluto, todo lo contrario; por eso repito que algún fiscal debería ocuparse de investigarlo al menos, por incumplimiento de los deberes de funcionario público.  

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