Recordando a «LA CAMPOY» la niña que aprendió a volar.

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«La Campoy» la inolvidable gran dama de la escena.

Por Roberto Famá Hernández

Miembro de la Asociación Argentina de Crítica e Investigación Teatral

Hija, nieta y bisnieta de actores, nació cuando sus padres, Ernesto Campoy y Anita Tormo, andaban de gira por Bogotá, el 26 de Julio de 1925 y, como era muy común en esa época, «la dedicaron al teatro» tanto a ella como a su hermana Carmen.

Se dice que debutó a los 4 años; ella misma contó más de una vez como fue aquello:  «Mis padres hacían una obra. Yo no trabajaba porque era muy chiquita y cuando ellos estaban en escena yo miraba y miraba y ese día yo estaba jugando al teatro, entonces vi que estaba el público y que no había nadie en el escenario y me dije:- que barbaridad – me acuerdo vivamente de ello – ¿Cómo es que no los están entreteniendo? Lo haré yo – Entonces salí y empecé a hacer monerías arrastrando un vestido de gitana que me quedaba grande y la gente comenzó a reírse. Pero fue como una broma y, además, no era fácil dedicarse al teatro porque había que tener permiso para actuar siendo menor»  Quizás se pueda decir que no se puede recordar vivamente una cosa así cuando se tienen apenas 4 años, pero a una actriz que es hija, nieta y bisnieta de actoresun debut semejante es lo menos que le pudo haber sucedido

El permiso para actuar por ser menor, sus padres lo obtuvieron cuando ella tenía siete años y allí comenzó su trabajo actoral.  Ana María Campoy aseguró no tener los mejores recuerdos de aquella niñez, que le daba un poco de pena tener que ensayar cuando los demás niños iban a jugar. Parece muy claro, el escenario ya no era un juego; a sus siete añitos, la actuación ya era una profesión para ella, una profesión que le enseñaron debe profesarse como una religión y lo demás es postergado, como el juego o la escuela, a la que se asistía cuando se podía.

Ana María tenía once años cuando comenzó la Guerra Civil Española. Tres años horribles con el temor constante de que una bomba cayera cerca: «Mi madre siempre quería que estuviéramos todos juntos, porque si nos mataba a los cuatro no era igual; no habría memoria de nada, nadie lloraría a nadie. Mi madre tenía esa teoría»
 «Los niños no se dan mucha cuenta pero el horror de la guerra acelera el crecimiento, madura. La guerra me hizo mujer muy rápido

Cuando acabó por fin la guerra, Ana María tenía catorce años y era tan alta ya que le daba cierta vergüenza completar la escuela y, estimulada por su madre, que le regaló algunos tomos de «Episodios Nacionales» de Benito Pérez Galdós, (Son una serie de novelas históricas que relatan la historia de España) se hizo muy apegada a la lectura y completó una formación autodidacta. Pero además ella ya no quería otra cosa para su vida que ser actriz, aferrarse a ese mundo del escenario donde se pueden vivir tantas vidas diferentes. «Yo viví peor la posguerra, que fue terrible porque había hambre real, no de broma, el abuso, la injusticia, todos los muertos tan recientes y tan llorados. Y estaba lo más terrible; la prostitución. España me dolía, quería salir de allí, de tantas fotos de Franco, de la falsa moral, de la rigidez, de las delaciones, la vigilancia, estaba harta…»  Su madre le dijo entonces:  – «Ahora tienes que volar sola y buscar tu sustento. Todo lo que has hecho conmigo te va a servir como una base muy fuerte, pero no es el ideal.» – 

Seguramente que estas palabras de su madre la acompañaron siempre y es que, en diferentes ocasiones, Ana María Campoy describió su carrera como el vuelo de un pájaro: » La gente cree (algunos, no todos por suerte) que esta es una profesión frívola, donde se gana mucho dinero, donde se tiene un cartel luminoso, donde se es primera figura… Pero no es así. Esta es una profesión donde es muy difícil ser primera figura en serio. Se puede ser primera figura casual, pero te bajan de un hondazo porque no sabes volar, es como si a un pichón lo largan: volará un ratito, pero hasta que no tenga alas sólidas y sepa ser pájaro no volará y será una cosa que cae»  Poco tiempo después, cuando Ana María Campoy tenía 15 años, fallece su madre y aquella niña mujer debía volar sola.

A los 21 años ya había filmado 27 películas (A los 12 años, había debutado en el cine español en «Aurora de esperanza» (1937), de Antonio Sau Olite. En España filmó 17 películas, entre ellas: «La madre guapa» (1941), «Tuvo la culpa Adán» (1944), «Tierra sedienta» (1945), etc. También filmó en Portugal varios films como «Cais do Sodré» y «Es peligroso asomarse al exterior») Una película titulada «Espronceda» le abre el camino a un nuevo destino; es que vieron en México una fotografía de esa película, en la que Campoy aparece con una mantilla blanca y por esa fotografía, la llaman para filmar allí. Cumple sus 21 años arriba del avión. «Cuando subí al avión sentí la sensación que me moría, que moría alguien y que iba a nacer otra persona. Entonces cuando el avión empezó a decolar, me dije: estoy naciendo»

En México estaba trabajando desde 1939 un muchacho alto al que Ana María recordaba vagamente, al que había conocido en el teatro, cuando ella tenía ocho años. Los padres de ambos eran amigos, él; José Cibrian se uniría a su vida para siempre.

En México filmó «Cinco rostros de mujer» con Arturo de Córdoba y Tita Merello, bajo la dirección de Gilberto Agustín Martínez Solares y producción de Salvador Elizondo Pani (Padre del escritor Salvador Elizondo Alcalde) que habiendo sido diplomático, se enamoró del cine, razón por lo cual fundó y fundió más de una productora –  (Elsa, Clasa Films (1941-1946); Clasa Films-Mundiales (1946-1952); Reforma Films; Diana Films; y Cinematográfica Filmex (1953-1959 «Cinco rostros de mujer» debía ser, por contrato, la primera de tres películas que Ana María Campoy filmaría allí, pero la quiebra de Elsa, Clasa Films la dejó sin las otras dos. Con Pepe llevaba apenas un mes y medio de noviazgo, pero se les hacía la vida complicada en México y ella lo convenció que lo mejor era desplegar sus alas y emprender un nuevo vuelo.

«Tuvimos un noviazgo muy rápido, de un mes y medio. Todo muy disparatado. Con 34 cómicos de elenco y 7 toneladas de equipaje, hicimos una gira de tres años donde montamos 78 títulos entre comedias y clásicos.»

«Yo siento que mi vida está muy ligada a los pájaros, a la libertad, a cambiar de rumbo, a las bandadas, a ir de aquí para allá. No creo que haya un lugar para ser felíz, uno es felíz uno. Uno lleva consigo en ese vuelo la felicidad o el propósito de ser felíz. No pude ser felíz en España. Encontré Argentina y aquí logré hacer un nido, un nido muy sólido y después Pepe y yo respetamos mucho a nuestros hijos. Y ya volar con la cría no es tan fácil. La prueba es que tampoco lo hacen los pájaros. Y eso hizo que no nos moviéramos de este nido.»

Sabido es que se casaron en Guatemala en 1947, que en Mayo del 48 nace su hijo y heredero artístico; José Cibrian Campoy, y que llegan a Buenos Aires el 15 de diciembre de 1949. Entonces su vuelo encontró destino en estas tierras donde transitaron todos los escenarios, (algunas de las obras teatrales que contaron con el talento de Ana María Campoy: «Una página en blanco» (1950), «La llave del desván» (1951), «Néstor Villegas Vigilia» (1952), «La tercera palabra» (1953), «Como te quiero Ana» (1953), «La vida en un block» (1954), «La picazón del séptimo año» (1955), «Como te odio Pepe» (1958), «Ninette y un señor de la Murga” (1966), «Se vende departamento con Jardín» (1969), «Amor y casamiento» (1969), «Las mariposas son libres» (1971), «Piel de Judas» (1977) y «Melisa» (1979). Estrenó comedias exitosas, como “Ocúpate de Amelia” (1967), una obra de boulevard de Georges Feydeau, “Casado casa quiere”, del español Alfonso Paso, y muchas más.) fueron pioneros en la Televisión Agentina, hicieron radio, trabajaron con autores y directores enormes, como Alejandro Casona y formaron elenco con las más grandes figuras de su tiempo y firmaron como una marca registrada «Cibrian – Campoy» varias décadas en la historia de nuestro teatro y por eso el público argentino, su público, los recuerda con mucho cariño y un enorme respeto.



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